Misión Territorial

Misión Territorial: ¿Qué es? ¿Qué hacer? ¿Cómo? (1)

Este año 2014 está marcado por lo que la Iglesia ha llamado la Misión Territorial. Pero tal vez muchos se preguntan ¿qué es la Misión Territorial? Y la respuesta es muy sencilla, es una explicitación más de la Misión Continental, en donde cada uno de nosotros, como bautizado, hemos asumido que somos Discípulos-Misioneros de Jesucristo y queremos salir de nuestros templos, capillas, comunidades a anunciar esta Buena Noticia que ha nacido de un encuentro personal con el Señor. Es por eso que a continuación queremos presentar de manera resumida algunos elementos que aparecen en el Manual de la Misión Territorial propuesto por la Conferencia Episcopal de Chile.


¿Qué queremos hacer en esta misión?

Nuestro objetivo general es “Ir al encuentro del otro para anunciar y compartir con todos que Jesucristo es fuente de Vida en abundancia”. Nuestros interlocutores prioritarios son las familias. Queremos visitar los hogares para dialogar con las familias de hoy, compartiendo sus propios dones, dificultades, esperanzas y sueños. Dialogaremos también con la sociedad sobre el lugar que ocupa la familia en ella. Se trata de visitar el territorio de nuestra parroquia dando testimonio y mostrando el rostro misericordioso de Dios. Nos ayudará primero conocer nuestro territorio y sus personas, segundo discernir dónde Dios pide nuestra presencia misionera, y realizar con ello un plan de misión. Recalcando, como veremos un poco más abajo, que esta misión no se trata solo de la típica visita puerta a puerta, ya que es eso y mucho más. Es así que la Misión Territorial nos impulsa a salir de nuestros templos parroquiales, capillas y colegios para ir al encuentro con las personas, instituciones y organizaciones que existen en el territorio donde vivimos. En este encuentro, nosotros como discípulos misioneros de Jesucristo, estamos llamados a llevar la Buena Noticia del Evangelio, primero con nuestro testimonio, nuestro ejemplo y con la palabra.


¿Cuál será el sello de este tiempo de misión?

Algunos criterios pastorales pueden servir en este tiempo misionero:

  • Nos motiva y sostiene el saber que contamos con la primacía de la gracia, entonces la invitación es salir con la confianza puesta en el Señor.
  • Buscando la conversión personal, pastoral y eclesial.
  • Siempre en comunión misionera.
  • Centrada en el testimonio, alegría y esperanza.
  • Ir en busca de las personas en situación de pobreza y abandono, de sufrimiento y exclusión.
  • Promoviendo la formación de comunidades de vida cristiana, y cuidando las celebraciones dominicales.
  • Ir a las periferias de la cultura actual, donde no llega la Palabra.

 

¿Cómo vamos al encuentro de nuestros hermanos?

A continuación queremos ofrecer algunas indicaciones prácticas generales que nos pueden servir de orientación en la acción misionera. Muchas veces el temor de salir al encuentro con los demás nos lleva a encerrarnos y eso lo justificamos diciendo que no sabemos cómo actuar. Esto no sólo nos pasa a nosotros, les sucedió también a los profetas, pero el llamado del Señor es siempre más fuerte.

Es importante considerar que los misioneros no actúan en nombre propio, sino que son enviados de Dios por medio de la comunidad. Por esta razón es muy importante antes de cada salida al territorio darse un tiempo para encontrarse en un momento de oración como comunidad de misioneros, pidiendo al Espíritu Santo que nos fortalezca con la necesaria humildad para anunciar con nuestro testimonio a Cristo Resucitado a los hermanos y hermanas del sector. Como los misioneros son representantes de la comunidad que los envía, es necesario cuidar nuestras actitudes y comportamientos. Es fundamental el testimonio que damos a los demás. Algunas actitudes básicas que los misioneros deben demostrar en el camino son:

La amabilidad con todos, no importando ninguna condición. El testimonio amable se percibe desde el primer diálogo, demostrando interés por conocer y encontrarse verdaderamente con el otro. No salimos para hacer una encuesta ni mucho menos para formular juicios, sino para ir al encuentro de los hermanos.

El diálogo. No vamos a imponer argumentos ni a convencer a nadie, sino a encontrarnos y compartir con personas que son distintas de nosotros y que muchas veces están dolidas con la misma Iglesia. No se trata de salir a defenderse, sino a escuchar, acoger y compartir. También de ellos aprendemos en nuestro caminar.

La misericordia con todos. Tenemos que ser signos de la misericordia que Dios ha tenido con nosotros mismos. Hay muchas experiencias dolorosas que el misionero podrá encontrar y en ellas debe tener los mismos sentimientos de Cristo, que es capaz de compadecerse del dolor ajeno.

La alegría. Como lo ha recordado en varias ocasiones el papa Francisco, nuestro testimonio ha de ser alegre, pues es signo de que el encuentro con Cristo nos produce el gozo de sentirnos amados por Dios.

La paciencia. Esta es una actitud muy misionera, pues nuestros tiempos no son los tiempos de Dios y los procesos de las personas son todos diferentes y cada uno tiene su propio ritmo que hay que respetar. No se les puede pedir a todos que actúen del mismo modo o que tengan la misma aceptación del mensaje cristiano.


En el camino de nuestro territorio....

Cuando hemos dejado nuestras capillas, templos parroquiales, nos encontraremos con las personas y organizaciones sociales con las cuales compartimos nuestra vida cotidiana en el sector. Sin embargo, la invitación de la misión es procurar tener encuentros más profundos. Muchas veces somos parte del sector, pero como comunidad no tenemos mayores relaciones fraternales. En este resumen de la guía del misionero proponemos algunas acciones básicas para las diversas situaciones que podremos encontrarnos en el caminar nuestro territorio. Evidentemente, esto variará mucho según donde estemos, ya que en nuestra diócesis tenemos una gran variedad de realidades e instituciones sociales según la realidad donde se viva.


Caminamos y nos encontramos con algunas organizaciones sociales del sector

Nuestro territorio tiene distintas organizaciones que trabajan para el bien común. Ellas están construyendo el Reino de Dios de un modo diverso como lo hacemos nosotros, pero es totalmente válido. Es importante poder tomar contacto con ellos, encontrarnos en los lugares donde se encuentran, hacerles sentir que como comunidad cristiana queremos colaborar en su acción, buscar temas de común interés. Tal vez, luego de unos primeros encuentros podremos tener la ocasión de rezar juntos, pero es necesario saber esperar.


Caminamos y nos encontramos con otras Iglesias cristianas

Es importante considerar que no somos los únicos que confesamos la fe en Jesucristo y que no somos los dueños de la verdad. El diálogo con nuestros hermanos cristianos de otras Iglesias es importante iniciarlo por el encuentro fraternal: no nos encontramos con un extraviado, sino con un hermano en Cristo. Podemos dialogar acerca de lo que nos une (Jesucristo) y evitar temas que nos separan (son pocos, pero que generan demasiadas tensiones). Podemos proponer rezar unidos en torno a la Palabra de Dios y expresar lo que genera este encuentro. Proponemos el texto de Jn 17, 1-26 (oración por la unidad del nuevo Pueblo Santo).


Caminamos y nos encontramos con personas no creyentes o con otras creencias

En estos casos es necesario acercarnos con una actitud humilde y mostrando interés por ellos y por el encuentro. No es bueno entrar en debates tratando de convencer, pues la fe no es una cuestión de ganar con argumentaciones, sino un don de Dios. Lo importante es producir el encuentro y recalcar que somos vecinos que buscamos vivir en paz y trabajar por el sector. También puede ser interesante poder conocer la religión del otro, pero no como un interrogatorio, sino demostrando interés por lo que cree y buscar algunos elementos en común.


Caminamos y nos encontramos con personas que han tenido malas experiencias con algunas personas de la Iglesia Católica o que tienen rabia con la comunidad

Hay que tener presente que muchas de estas personas no han dejado de creer en Cristo ni de profesar la fe cristiana, sino solamente han tenido un distanciamiento de la Iglesia. Es importante prestar oído, mostrar cercanía a lo vivido, evitar juicios (pues no se conoce toda la historia), pero tampoco de justificar actitudes injustificables. La posibilidad puede ser un primer paso en la reconciliación con la comunidad, pero nuevamente aquí hay que tener cuidado de no apresurar los procesos, pues muchas veces el dolor es mucho más grande de lo que nos podemos imaginar. La escucha es nuestra actitud fundamental en estas situaciones. Si se da la oportunidad, se puede invitar a orar un momento en torno a la Palabra de Dios. Se propone el texto de 1 Cor 13, 1-13.


Caminando nos encontramos con nuestros hermanos en la fe

Muchas personas que nos encontraremos son católicas, algunas muy practicantes, otras menos, pero que de diversos modos mantienen una conexión con la comunidad. Es importante considerar que en sectores nuevos de las ciudades hay personas que, siendo católicas, aún no han tomado ningún contacto con la comunidad cristiana y por tanto, es fundamental este primer encuentro, que debe estar marcado por una actitud acogedora. Con nuestros hermanos católicos podemos tener un diálogo más profundo y podemos proponer un momento de oración por la familia. No hay que olvidar el lugar donde están visitando: normalmente si estamos en un pueblo pequeño donde todos se conocen es más fácil que las personas accedan a recibir al misionero en sus casas, pero esto es muy distinto en la ciudad.


(1) Este artículo se publicó en la Revista Stella Maris n° 112, Enero 2014.

 

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